Corea del Norte le hace el feo a la ayuda médica como si fuera un plato de lentejas sin chorizo

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En un episodio más de la telenovela geopolítica que nadie pidió pero todos comentan en voz baja, la influyente hermana del mandamás norcoreano, Kim Yo-jong, ha decidido que la amabilidad del vecino del sur es más ofensiva que encontrar un pelo en la sopa. Resulta que a Corea del Sur se le ocurrió la brillante idea de enviarles material médico, y la respuesta fue el equivalente a un portazo en la cara y un «¡no necesito tu lástima!».

Informe El Chapucero

Kim Yo-jong, quien aparentemente funge como la directora de quejas y reclamos del régimen, sacó el látigo de la indignación y acusó a Seúl de montar un «numerito político». A través de la agencia estatal de noticias, que probablemente tiene una sección de «chismes de pasillo», declaró que el simple hecho de que Corea del Sur hablara de su escasez de medicinas era un insulto nivel «tu mamá cocina feo». Según ella, es como si tu vecino te ofreciera una escoba mientras grita a los cuatro vientos que tienes la casa hecha un chiquero.

La funcionaria, con la sutileza de un martillo neumático en una biblioteca, afirmó que entre las dos Coreas «no hay nada que dar ni que recibir», una frase que suena sospechosamente a cuando terminas una relación tóxica y bloqueas a tu ex de todas las redes sociales. La propuesta de ayuda, valorada en unos 6.8 millones de dólares en tiritas y aspirinas de lujo, fue calificada como una «maniobra» para que Corea del Sur quedara como la buena samaritana y ellos como los orgullosos que prefieren curarse un resfriado con fuerza de voluntad.

Para echarle más leña al fuego del drama vecinal, Kim Yo-jong recordó un reciente altercado con una mina explosiva, acusando a Seúl de intentar jugar al doctorcito bueno por un lado, mientras por el otro les andan poniendo trampas en el jardín. «¡Así no se puede!», parece haber gritado, «¡O somos amigos o nos aventamos piedras, pero decídanse!».

Mientras tanto, en Corea del Sur, el Ministerio de Unificación básicamente se encogió de hombros y dijo que no se dejarían llevar por cada berrinche y que seguirían intentando ser amigos, como esa persona que le sigue mandando mensajes a su amor platónico a pesar de haber sido dejado en visto quinientas veces. Al parecer, la diplomacia en la península coreana se parece cada vez más a una cena familiar incómoda donde nadie quiere pasar la sal.

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