Desde la ciudad donde las decisiones se toman con la misma seriedad que la elección de un filtro de Instagram, nos llega una noticia que huele a conflicto de interés más que calcetín de futbolista. Resulta que el fideicomiso «independiente» de Donald Trump, manejado por su aplicado vástago Donald Jr., decidió que era una idea fabulosa meterle varios milloncitos de dólares a empresas como Meta y SpaceX. Es como encargarle a tu hijo que te cuide la tarjeta de crédito en un centro comercial: una idea brillante en teoría, desastrosa en la práctica y que seguramente acabará con una deuda inexplicable en videojuegos y comida chatarra.
Según los chismosos de la Oficina de Ética Gubernamental, el fideicomiso del presi se fue de compras y echó al carrito entre 5 y 25 millones de dólares en acciones de Meta, el patio de recreo digital de Mark Zuckerberg. No contentos con eso, también se hicieron con entre 1 y 5 millones en bonos de SpaceX, la compañía de cohetes de Elon Musk. Esto es el equivalente a que el árbitro del mundial apueste una millonada por un equipo y luego le marque cinco penales a favor. ¡Pero oigan, el fideicomiso es «independiente» y aquí todos somos amigos!
Para disimular el despilfarro, también compraron unas cuantas migajas en empresas tecnológicas como Nvidia y Microsoft, con más de 517 transacciones solo en agosto. El fideicomiso estuvo más activo que un niño con sobredosis de azúcar en una fiesta infantil, demostrando que cuando se trata de mover dinero, la familia Trump tiene el toque de un mago haciendo desaparecer un conejo, solo que aquí el conejo son los principios éticos y el sombrero es el gobierno de Estados Unidos.
Lo mejor del chiste es que este fideicomiso es «revocable». O sea, es un acuerdo del tipo «ahora lo ves, ahora no lo ves». En cualquier momento, papi Trump puede decir «gracias por participar, junior» y recuperar el control total del changarro, justo a tiempo para tomar decisiones que, casualmente, podrían inflar el valor de sus nuevas y flamantes acciones.
**Tics de la familia: Pidiendo pa’l chicle**
Y como de tal palo, tal astilla, la exnuera Kimberly Guilfoyle demostró que aprendió bien las mañas familiares. La ahora embajadora le pidió a un donante ricachón que le hiciera una «pequeña» transferencia de 100,000 dólares para saldar una deuda. «Tú deposítale a American Express y aquí no pasó nada, no aparecerá en ninguna parte», le escribió por Signal, en una pasadita de charola digital que ni el más descarado de los pedigüeños. Cuando le preguntaron al Secretario de Estado, Marco Rubio, sobre el asunto, puso su mejor cara de póker y aplicó la de «yo no sé nada, pasaba por aquí», confirmando que en política, la amnesia selectiva es el superpoder más útil.



