Julián Quiñones, ausente del Tri por lesión, usó la Saudi Pro League como su spa de rehabilitación. Durante la Jornada 8, el club Al Kholood recibió el tratamiento completo: una goleada de 5-0 cortesía del Al Qadsiah y una lección sobre por qué no debes dejarlo solo.
El mexicano no se conformó con ser un simple espectador del talento de sus compañeros Tijjani Reijnders y compañía. Primero, decidió que Christopher Baah necesitaba un gol, así que le sirvió un pase tan preciso que Baah solo tuvo que empujar el balón, probablemente pidiendo disculpas al portero. Luego repitió la dosis con otra asistencia, repartiendo goles como si fueran muestras gratis en un supermercado de lujo. Pero su obra maestra de troleo futbolístico aún estaba por llegar.
Cuando le marcaron un penalti a favor, Quiñones optó por la vía de la tortura psicológica. Ejecutó un Panenka, ese tiro suave y bombeado al centro que le dice al guardameta: “sé que te ibas a lanzar como si tu vida dependiera de ello, y me pareció divertido”. La pelota entró flotando con la misma parsimonia de un jeque paseando a su halcón. Con su participación en tres de los cinco goles, el Al Qadsiah se trepó al primer lugar con 19 puntos, demostrando que Quiñones no solo vino a cobrar, sino a coleccionar tobillos y dignidades.
Así, mientras en México se preguntaban por su lesión, Quiñones estaba en el desierto convirtiendo el área rival en su patio de juegos personal. La Selección Mexicana puede estar tranquila: su delantero no estaba en reposo, estaba practicando cómo desmoralizar continentes enteros, un gol a la vez.



