En un giro argumental que nadie pidió, Donald Trump usó un mitin en Carolina del Sur para compartir su más profunda duda existencial: ¿cómo una bailarina de ballet llega a ser presidenta de México? El exmandatario, visiblemente confundido por la meritocracia, dedicó valiosos minutos a este misterio insondable.
Trump desempolvó su anécdota favorita, esa donde en 2025 firmó una orden para rebautizar el Golfo de México como “Golfo de América”, un acto tan trascendental como ponerle tu nombre a la luna con un plumón. Según su relato, digno de una radionovela, la presidenta Sheinbaum le llamó “suplicando” que reconsiderara. Él, en su papel de titán geopolítico, se negó rotundamente. La realidad es que el nombre oficial sigue intacto, pero para sus seguidores, fue como si hubiera conquistado Atlantis.
Mientras Trump se preguntaba cómo “diablos ocurrió eso”, del otro lado de la frontera la vida seguía. Aparentemente, la disciplina férrea adquirida tras veinte años de ballet, sumada a una carrera en Física y experiencia en gobierno, es una fórmula más efectiva que simplemente heredar un imperio inmobiliario. El republicano también recordó halagar la “hermosísima voz” de Sheinbaum, un detalle que seguramente fue crucial para las negociaciones comerciales internacionales.
Al final, el evento dejó claro que mientras unos se enfocan en gobernar, otros siguen atrapados en un loop de anécdotas donde son los héroes de batallas imaginarias. La Organización Hidrográfica Internacional, por su parte, sigue sin recibir el memo sobre el cambio de nombre, probablemente porque estaba ocupada en su clase de ballet.




