Renato Paiva llegó al vestidor de Santos Laguna después de la paliza 4-1 en Tijuana y decidió que lo mejor era no buscar culpables entre sus jugadores. En vez de eso, el técnico portugués optó por convertir la derrota en una lección práctica para los tres partidos que quedan, como si el equipo estuviera repasando tarea antes del examen final.
El estratega explicó que los Guerreros tuvieron una noche en la que faltó claridad, calidad y frescura para decidir con el balón en los pies. Comparó la actuación con intentar armar un rompecabezas con guantes de box y luces apagadas. Aseguró que no tenía reclamos para el plantel y que el mérito correspondía a Xolos, que supo aprovechar los espacios profundos que Santos ya sabía que eran peligrosos. Paiva describió el encuentro como el peor desde su llegada, pero lo presentó como un dato útil para ajustar detalles antes de recibir a Necaxa en casa.
El portugués insistió en que el grupo debe mantener el equilibrio y sumar de tres en tres si quiere aspirar al playoff. Pidió que el estadio se llene para el siguiente compromiso y recordó que todavía hay tiempo de corregir. En sus palabras, el equipo intentó, pero los errores individuales abrieron la puerta a la goleada. Paiva asumió la responsabilidad y dejó claro que la reacción de los jugadores en la recta final será lo que defina si el torneo termina con sabor a éxito o a lección aprendida a la fuerza.
El técnico confía en que el plantel responderá con mayor solidez en los partidos restantes.




