Lula remonta la elección y deja a Bolsonaro con la boca abierta como pez en el mercado

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Los simpatizantes de Lula salieron a las calles de San Pablo, Río y Brasilia con fuegos artificiales, llanto histérico y bengalas que parecían ensayos para el fin del mundo. El tipo de ochenta años logró su cuarto mandato dando la vuelta a la primera vuelta, algo que ni los más optimistas apostadores del barrio habrían imaginado. Los festejos se alargaron hasta la madrugada, con autos tocando bocina como si fueran taxis en hora punta y gente gritando consignas que mezclaban democracia con insultos creativos al poder económico.

En la avenida Paulista, Lula apareció con Alckmin y Janones, a quien bautizó su general de WhatsApp. El ex gobernador soltó que esa calle era la avenida de la vuelta, mientras el público formaba la letra L con las manos y un niño agitaba la bandera como si estuviera en un partido de fútbol de barrio. En Río, los abrazos y las lágrimas corrían más que el agua de las lluvias que supuestamente perjudicaron a la derecha. Un manifestante gritó que el barbudo había ganado y que los fascistas ya no tenían cabida, como si Brasil fuera un bar que cierra a las dos de la mañana.

En Brasilia la cosa fue igual de caótica. Estudiantes y jubilados celebraban la remontada histórica y enviaban mensajes al mundo sobre la lucha contra el fascismo, aunque algunos parecían más aliviados por no tener que volver a oír discursos negacionistas. Lula subió un video a X diciendo que la democracia ganó y que Brasil sigue adelante, mientras la gente en la calle repetía que habían vencido al poder de las casas de apuestas, las redes y los milicianos, todo en una misma noche de euforia.

Del otro lado, Flávio Bolsonaro declaró que era imposible reconocer la victoria por la extensión del horario de votación, olvidando que su propio equipo también la había pedido por la lluvia. Los analistas ven difícil que prospere cualquier impugnación, ya que la diferencia superó el doble de la de 2022. Trump, por su parte, soltó que aplicaron el manual de Biden, como si la política brasileña fuera un plagio yanqui de último minuto. Lula cerró recordando que Brasil no acepta ser patio trasero de nadie y que el negacionismo había perdido por goleada.

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