Hugo Sánchez le pasa la antorcha a un chavo que todavía no sabe dónde queda Europa

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Cuando Hugo Sánchez correteaba por Jardín Balbuena, Pelé le parecía tan inalcanzable como pedirle un favor al árbitro. Lo vio en el Mundial de México 1970 y decidió que algún día también iba a hacer que los porteros dudaran de su vocación. Medio siglo después, el Pentapichichi observa a Gilberto Mora, de 18 años recién cumplidos, y piensa que el chavo de Xolos podría armar una carrera más larga que la fila del Metro en hora pico.

Sánchez no busca un clon ni un heredero oficial. Ve en el mediocampista talento, lectura de juego y una calma que parece prestada de alguien que ya jugó tres mundiales. En charla con Sports Illustrated, el exdelantero evitó hablar de goles inmediatos y se enfocó en el camino que Mora debe recorrer para que la fama temprana no se convierta en una losa decorativa.

El consejo llegó envuelto en advertencia útil: “Siendo tan joven, con los partidos donde muestra su calidad, talento e inteligencia, ahora debe querer más y mejorar”. Nada de copiar estilos ajenos. Hugo insiste en que cada partido, cada convocatoria y cada decisión deben servir para construir una versión propia de grandeza, sin cargar con la obligación de parecerse a nadie. El referente no es para venerarlo desde lejos, sino para usarlo como excusa para exigir más.

Mora, según Sánchez, tiene la puerta entreabierta, pero el talento solo no basta. Hace falta ambición firme y clubes dispuestos a abrirla de par en par. El Niño de Oro lo resumió sin rodeos: si él llegó a Europa y cosechó cinco Pichichis, el chavo puede intentarlo e incluso superarlo. La invitación suena sencilla hasta que uno recuerda que Europa queda más lejos que Tijuana en camión de segunda. Hugo no pide milagros, solo que la ambición no se quede dormida en la banca.

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