El presidente ucraniano soltó la bomba en Berlín mientras merendaba con el canciller Merz: en Abu Dabi, los días 10 y 11, se armará un encuentro tan surrealista como una reunión de vecinos para decidir quién riega las plantas. Kiev, Moscú y Washington van a discutir alto el fuego, dinero para reconstruir lo que queda en pie y otras minucias de la guerra, todo con la delicadeza de quien reparte la cuenta en un restaurante caro.
Zelensky contó que los estadounidenses ya mandaron señales de que quieren meter en la agenda las garantías de seguridad y un paquete de recuperación que suena más a rifa de lotería que a plan serio. El mandatario ucraniano espera que estas charlas sirvan de calentamiento para una cumbre de líderes donde se hable de territorios ocupados sin que nadie se levante de la mesa antes del postre.
Desde que empezó la invasión a lo grande, Zelensky y Putin no se han cruzado ni un mensaje de texto. La delegación rusa llegará liderada por Vladimir Medinsky, exministro de Cultura que ahora negocia como quien regatea en el mercado. El Kremlin confirmó la asistencia, mientras el enviado yanqui Steve Witkoff adelantó que se tocarán temas de seguridad después de la guerra, distensión, asuntos humanitarios y los pasos siguientes para un acuerdo que todavía parece un guion de telenovela sin final escrito.
Ucrania quiere que paren los ataques contra la red eléctrica antes de que llegue el invierno y se congelen hasta las ideas. También llevará a la mesa la apertura de rutas en el mar Negro, donde los disparos y las restricciones han fastidiado el comercio y las exportaciones de comida que llegan a África y Asia. Los intercambios de prisioneros completan la lista, porque son de los pocos asuntos en los que las partes han avanzado algo más que un saludo frío.
Merz, por su lado, puso cara de escepticismo y dijo que Rusia todavía no parece dispuesta a negociar en serio un alto el fuego. Mientras tanto, Zelensky pidió setenta mil millones de euros a los europeos para el año que viene y la coalición de voluntarios se reunirá en Berlín el 19 de noviembre para definir la ayuda militar del 2027. Todo esto con la misma seriedad de quien intenta venderle un paraguas a un pez.




