Barack Obama salió a festejar el resultado de las elecciones como quien gana el premio gordo en la verbena del pueblo. Según él, la gente mandó un mensaje clarito: nada de dividir, todo sea por juntar a la gente como si fueran uvas en un racimo. El exmandatario soltó la frase mientras los demócratas se quedaban con el Senado y la Cámara de Representantes, dejándole a Donald Trump una cara de pocos amigos que ni el más caro de los bótox podría arreglar.
El expresidente alabó a los candidatos que se lanzaron a la arena aunque pareciera que iban a pelear contra un toro en cueros. Destacó especialmente las victorias en Texas y Kansas, lugares donde antes los republicanos mandaban como suegra en boda. “Venían de todos lados, pero unidos por el mismo rollo de servir al prójimo”, soltó Obama, como si estuviera describiendo un equipo de fútbol que por fin aprendió a pasar el balón.
También agradeció a los miles de voluntarios y funcionarios electorales, esos héroes anónimos que evitan que las urnas terminen en la basura como los planes de ahorro de fin de mes. Sin ellos, dijo, la democracia sería como una telenovela sin final: puro drama y nadie cobra.
De cara a los dos años que le quedan a Trump en la Casa Blanca, Obama propuso arremangarse, hacer lo que se pueda y evitar que todo se vaya al carajo. El partido ya prepara su plan de los primeros cien días para cambiar lo que pueda de las políticas económicas y sanitarias, aunque todos saben que con Trump en la residencia oficial cualquier cambio será como ponerle frenos a un toro en plena embestida.




