Donald Tusk, primer ministro polaco, anunció que tras la medianoche unos guardias vieron luces sospechosas y activaron un operativo que parece sacado de una película de espías barata. Movilizaron policías, guardias fronterizos y unidades antiterroristas en las regiones de Varmia-Masuria y Podlaquia como si esperaran que el mismísimo Putin apareciera con una linterna de feria.
El mandatario admitió que no pasó nada grave, pero igual ordenó reforzar el corredor de Suwałki, esa franja de 65 kilómetros que une a los países bálticos con Polonia y que todo el mundo trata como el talón de Aquiles de la OTAN. En los próximos días llegarán tropas del Ejército, agentes de inteligencia militar y hasta comandos del grupo GROM, todo porque alguien vio luces parpadeantes.
Tusk confesó estar “obsesionado” con las amenazas rusas que, según él, aumentan mes a mes. La información llegó de servicios propios, de la CIA, de Ucrania y hasta del general de la OTAN que pasó por Varsovia. El dispositivo se mantendrá al menos hasta el 8 de noviembre para proteger infraestructuras estratégicas y evitar sabotajes que, por ahora, solo existen en los partes de inteligencia.
El resultado es que la frontera parece un set de película de acción mientras los polacos siguen preguntándose si las linternas eran de contrabandistas, de bromistas o simplemente de algún ruso que se perdió buscando el baño.




