Santiago Peña renuncia a la presidencia por un banco que dejó a tres millones sin un peso

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El ahora ex mandatario paraguayo decidió largar la banda presidencial como quien abandona un micro que se incendia, justo cuando su propio partido lo apuntó con el dedo y el Congreso se preparó para el juicio político. Todo por el cierre del Ueno Bank, esa entidad que administraba entre ochocientos y ochocientos cincuenta millones de dólares del Estado y que ahora tiene los ahorros de casi tres millones de personas más fríos que el corazón de un usurero.

Peña soltó un video donde juraba que lo hacía por la estabilidad del país y la tranquilidad de los paraguayos que confiaron en el sistema financiero. Traducción libre: “Me voy antes de que me saquen a patadas y me quiten hasta los fueros de senador vitalicio”. El golpe definitivo llegó desde Horacio Cartes, quien confirmó que el Partido Colorado acompañaría el libelo acusatorio. En pocas palabras, el expresidente le pasó la papa caliente al vicepresidente Pedro Alliana como si fuera un paquete de dinamita con moño.

En el Congreso ya se juntaron las firmas necesarias para avanzar con el juicio político. La Cámara de Diputados aprobó por unanimidad el proceso contra Peña, mientras que el intento de enjuiciar también a Alliana cayó como panza de burro en el barro. Los senadores opositores, por su parte, ya anunciaron que rechazarán cualquier renuncia y exigirán destitución total para que Peña no se esconda detrás de fueros parlamentarios. La senadora Esperanza Martínez fue directa: “No aceptamos pactos de impunidad”.

Mientras tanto, la Justicia dictó prisión preventiva para Miguel Vásquez, uno de los fundadores del banco intervenido, y la Fiscalía prepara una denuncia penal contra el ex presidente por enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias. Los jugadores de la selección paraguaya, también afectados, exigieron justicia con la garra guaraní pero sin dejar de mirar de reojo sus propios depósitos congelados.

En resumen, Paraguay vive un sainete político donde el que tenía la sartén por el mango ahora pide que no lo frían demasiado. Los tres millones de ahorristas, en cambio, siguen esperando que alguien les devuelva lo que es suyo antes de que el Fondo de Garantía de Depósitos se convierta en otra promesa electoral más.

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