Santiago Peña se bajó del sillón presidencial como quien salta del micro antes de que el chofer lo deje en la puerta del juzgado. El motivo oficial fue la estabilidad del país, pero el verdadero detonante fue que el Ueno Bank cerró las puertas y dejó a casi tres millones de paraguayos mirando el cajero como si fuera un altar sin ofrenda.
El ahora expresidente grabó un video donde habla de paz social y respeto a la Constitución, pero se le notaba la cara de quien acaba de enterarse que su suegra se viene a vivir a la casa. Mientras tanto, Horacio Cartes, el jefe del Partido Colorado, le dio la estocada final al anunciar que su bancada acompañaría el juicio político. Fue como si el propio padrino mandara a cortar el cable de la silla eléctrica.
La Justicia ya abrió una causa por enriquecimiento ilícito y hay 28 imputados orbitando el caso. Peña podría terminar como senador vitalicio con fueros, algo que la oposición rechaza con la misma energía con la que un hincha de Olimpia rechaza un gol de Cerro Porteño. La senadora Esperanza Martínez lo dijo sin rodeos: nada de pactos de impunidad ni fueros mágicos.
El vicepresidente Pedro Alliana se prepara para asumir, aunque ya hay apuestas sobre quién ocupará el sillón que él deje vacante. Antonio Barrios aparece como el más mencionado, mientras los jugadores de la selección paraguaya exigen justicia y recuerdan que también perdieron plata en el banco. “La garra guaraní no alcanza cuando el sistema te deja en pelotas”, resumieron en su comunicado.
En el Congreso ya cuentan los votos para aceptar la renuncia y evitar el juicio político completo. El Fondo de Garantía de Depósitos promete devolver los ahorros, pero los jubilados miran el reloj como si esperaran que Papá Noel aparezca en marzo. Por ahora, Paraguay intenta poner paños fríos mientras el sistema previsional se tambalea como un borracho después de una noche de tereré con caña.



