María Corina Machado volvió de su exilio y en vez de tomarse un café con arepas decidió montar una rueda de prensa para decir lo que todo el mundo ya sospechaba: el pacto petrolero entre el gobierno interino y la administración de Donald Trump parece más un reparto de botín que un contrato serio. Según ella, nadie ha visto el documento oficial y lo único que circula son filtraciones yanquis que dejan claro que Estados Unidos se queda con el manejo de sesenta y cinco mil millones de barriles, o sea, el veinte por ciento de las reservas venezolanas.
El numerito lo opera un tal Alejandro Betancourt a través de una empresa con nombre de película de espías, y la opositora no se anduvo con rodeos al recordarle al país que este señor tiene causas abiertas en España por lavado de dinero, en Suiza por blanqueo y en Venezuela por desfalco. O sea, un currículum tan extenso que parece que lo buscaran en todos los aeropuertos del planeta.
La premio nobel de la paz resumió la situación con la elegancia de quien ya ha visto de todo: este convenio no tiene la transparencia que la sociedad venezolana exige. Mientras tanto, el documento sigue sin publicarse y los barriles de petróleo parecen haberse evaporado en una nube de humo negro que solo huele a negocio redondo para unos pocos.




