Los camioneros de San Antonio bloquean todo por la bencina y los nuevos TAG

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La administración de José Antonio Kast ya tiene su primer dolor de cabeza con ruedas. Más de cuarenta transportistas independientes decidieron que los depósitos de carga de San Antonio se conviertan en un cementerio de camiones a partir de las once de la noche, y no piensan mover ni una llanta hasta que alguien del gobierno les explique por qué la bencina sube más rápido que la temperatura en una discusión de pareja.

Con doscientas máquinas paradas y sin fecha de regreso al trabajo, los porteadores de Agreporsai dejaron claro que esto no es una protesta de fin de semana. Es un bloqueo total, como esos matrimonios que terminan en silencio eterno: nadie entra, nadie sale y todos se miran con cara de “¿y ahora qué?”.

El dirigente Manuel Araya fue directo: ya no quieren más “mesas de trabajo” ni cafés fríos en Santiago. Exigen que el subsecretario KarlFranz Köhler baje hasta el puerto y firme un ajuste de tarifas antes de que el olor a combustible quemado se convierta en aroma nacional. Según él, el 90 % de los que mueven la carga son pequeños empresarios que no pueden seguir pagando peajes nuevos y diésel como si fueran lujos de millonario.

Mientras tanto, los gerentes de los depósitos esperan que alguien negocie antes de que la cadena logística se pare como un ascensor viejo en hora punta. Los camioneros, por su parte, solo piden que los entiendan: “Esto ya no lo aguantamos ni como dueños ni como conductores”, repiten, mientras miran sus camiones convertidos en estatuas de metal.

Por ahora, San Antonio parece un set de película de acción donde los malos son los precios y los héroes conducen tráileres. Nadie sabe cuándo termina la película, pero todos coinciden en que la entrada va a salir cara.

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