La ciudad ucraniana de Oleshky, convertida en un vertedero con vistas al frente ruso, empezó a vaciarse este viernes gracias a un alto el fuego que parece sacado de un guion de telenovela escrita por Melania Trump. Los vecinos, que llevaban meses contando calorías con palomas del parque, por fin pueden elegir entre irse a Rusia o volver a territorio de Kiev sin que les disparen por la espalda.
Representantes de ambos bandos llegaron al lugar para supervisar el operativo como inspectores de obra que saben que todo se va a caer la semana que viene. El negociador ucraniano David Arakhamia anunció que ya empezó la evacuación y el reparto de comida, mientras la defensora del pueblo rusa Yana Lantratova publicó fotos de gente haciendo cola con bolsas como si fueran a un mercadillo de saldo.
La población pasó de 24.000 habitantes a apenas 2.000, un descenso más brutal que el de un influencer después de publicar su opinión sobre política. Algunos residentes, entre lágrimas, le agradecieron al defensor del pueblo ucraniano Dmytro Lubinets el poder marcharse. Otros prefirieron quedarse, demostrando que hay gente capaz de aguantar hasta que les caiga un misil en la cocina.
El alto el fuego, que vence el domingo por la noche, es el más largo desde la invasión de 2022, aunque en el resto del país los ataques siguieron como si el acuerdo solo valiera para Oleshky. En Dnipro se quedaron sin luz 200.000 hogares y en Chernígov murieron dos adolescentes, recordando que la tregua es tan sólida como un puente de cartón piedra.




