Resulta que Noruega se quedó sin rey de la noche a la mañana y el príncipe heredero Haakon no perdió el tiempo: se puso la corona más rápido que invitado que llega primero al buffet libre. El palacio real lo anunció por Instagram como quien sube la foto del domingo en familia, y el hombre ya responde al nombre de rey Haakon VIII, tal y como casi todo el mundo esperaba.
El anterior monarca, Harald V, falleció de madrugada tras más de diez días hospitalizado. Su hijo pasó de príncipe a rey sin ni siquiera tiempo de ensayar el discurso. Para no romper la tradición, eligió el lema “Todo por Noruega”, el mismo que usaron su padre, su abuelo y su bisabuelo desde que la monarquía moderna arrancó en 1905. Como esas familias que se pasan la misma receta de guiso de generación en generación y nadie se atreve a cambiar ni la pizca de sal.
En la Edad Media ya hubo seis reyes llamados Haakon, así que el número VIII suena a continuación lógica de serie larga. Cuando refundaron la monarquía en 1905, el primero de la etapa moderna se bautizó Haakon VII y aquí estamos, sumando romanos como quien lleva la cuenta de los tíos en la reunión navideña.
Así que Noruega estrena monarca con nombre de secuela y lema de heredad. Nada de inventos raros ni frases motivacionales de poster barato: todo queda en casa, limpio y predecible. Moral de la historia para adultos: cuando te toca el trono, a veces lo más revolucionario es copiar el eslogan del abuelo y seguir adelante como si el reino fuera un negocio familiar que no admite socios externos.



