En un episodio que sacudió al país con la intensidad de una junta de vecinos discutiendo el color del pasillo, Guadalupe Taddei, presidenta del INE, explicó lo obvio: en una democracia, las decisiones se revisan. Al parecer, algunos partidos políticos se perdieron esa clase, montando un drama porque el Tribunal Electoral hizo su trabajo.
Aparentemente, que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) revisara algunos acuerdos del INE —un proceso tan normal como respirar— fue interpretado por la oposición como una señal del apocalipsis. Con la cara de quien acaba de descubrir que la pizza lleva piña, los representantes partidistas denunciaron que las decisiones mayoritarias eran, ¡sorpresa!, tomadas por mayoría y no por unanimidad telepática. Acusaron falta de diálogo, probablemente porque esperaban que Taddei les leyera cuentos para dormir antes de cada votación, como en la Comisión de Verificación de Integridad.
Con la paciencia de un monje budista, Taddei Zavala les recordó que el sistema de impugnación existe precisamente para eso: revisar, no para desatar crisis existenciales. Sostuvo que el INE no dejará de decidir por “temor a ser impugnado”, y hasta citó una joya filosófica: pensar que “la ley es la ley” es de autoritarios. Básicamente, les dijo que interpretar las reglas es parte del juego, no un error garrafal. El Tribunal no les «corrige la plana», simplemente es el árbitro final de la jugada.
Así, mientras algunos buscaban micrófonos para declarar el fin de la colegialidad y la certeza electoral, el INE simplemente acató las sentencias específicas y siguió trabajando. La gran conclusión es que el sistema democrático funciona como debe, para desgracia de quienes viven de fabricar tormentas en un vaso de agua.



