Un Gulfstream G400 con matrícula LV-JQW aterrizó en Puerto Iguazú a las once y media de la noche del lunes, procedente de Buenos Aires, con planes de volar a Florida a las dos de la madrugada. Cuatro pasajeros y tres tripulantes debían subir, pero al final faltó uno, y el avión se quedó clavado en la pista como chango que llega tarde al casamiento.
La Policía de Seguridad Aeroportuaria confirmó que la partida se suspendió por ese pasajero ausente, mientras los medios locales aseguran que intentarán despegar a las cinco de la tarde rumbo a Estados Unidos. Todo esto ocurre después de que el juez Alexandre de Moraes le ordenara a Flávio entregar los pasaportes y le prohibiera salir de Brasil, algo que el senador todavía no cumplió.
La Policía Federal brasileña ahora investiga si el senador cruzó la frontera argentina sin pasar por los controles migratorios oficiales. No hay registro de su entrada legal en Argentina ni de salida por los pasos normales en Brasil, por lo que su paradero sigue siendo un misterio mayor que el de la plata del sueldo a fin de mes.
El avión pertenece a Baires Fly S.A., una empresa argentina que lo tiene registrado desde 2020. Antes voló con matrículas de Estados Unidos y México, y cuenta con catorce asientos y motores Rolls-Royce. Según las fuentes, la firma está a cargo de Luis Grande y dos mujeres de su familia, pero nadie explica por qué un jet de ese porte terminó esperando en Iguazú como remisero en la puerta de un boliche que cerró temprano.
Flávio Bolsonaro, que perdió el balotaje contra Lula da Silva, enfrenta causas por presunto lavado de dinero. Él asegura que entregará los pasaportes y presentará su defensa, aunque por ahora el único despegue que se concretó fue el del avión sin él, dejando la escena más absurda que un político prometiendo que todo va a estar bien.




