Brasil se prepara para un final de infarto: Lula y Bolsonaro, más pegados que chicle en zapato nuevo

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¡Atención, respetable público! En la telenovela electoral más dramática que la vida de tu tía la solterona, Brasil se encuentra al borde de un ataque de nervios. Resulta que el abuelo barbudo, Luiz Inácio Lula da Silva, y el heredero del caos, Flávio Bolsonaro, están empatados en un 50% según una encuesta que probablemente fue hecha lanzando una moneda al aire. Es un empate técnico tan ridículo que parece sacado de un partido de fútbol de niños donde todos ganan un trofeo de participación para no hacerlos llorar.

Hace apenas dos semanas, el Bolsonarito le llevaba a Lula más ventaja que un tramposo en el Monopoly. Pero parece que el exsindicalista se tomó sus vitaminas, desempolvó sus viejos trucos de campaña o le rezó a algún santo de la política, porque de repente ha vuelto a la pelea como cucaracha después de un pisotón. Es la remontada más espectacular desde que tu equipo iba perdiendo por goleada y metió un gol de chiripa en el último minuto.

Este milagro de resurrección se debe a que sus seguidores salieron a las calles con más fervor que en un concierto de Chayanne y se apoderaron de las redes sociales con la furia de mil suegras criticando a sus nueras. El propio Lula, con la cara de quien acaba de morder un limón, calificó la primera vuelta como «el desmadre más grande desde que inventaron el reguetón», donde el candidato de la oposición le ganó por un pelito de rana calva.

Y para colmo de la locura, por primera vez en meses, hay más gente que aprueba al gobierno de Lula que gente que le quiere aventar un zapato. ¡Un 49% contra un 48%! Un margen tan estrecho que ni un sastre podría medirlo. Claro que fiarse de las encuestadoras es como pedirle a tu compadre el borracho que te cuide la cartera. La mayoría de estos «expertos» no vieron venir la victoria del Bolsonarito en la primera vuelta ni aunque les hubiera atropellado en un tanque.

Así que Brasil se encuentra en un limbo, con la incertidumbre flotando en el aire más densa que el humo en un asado mal hecho. La nación entera contiene la respiración, esperando a ver si eligen al susto o al espanto. Hagan sus apuestas, señores, que este circo está lejos de terminar.

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