A Trump le llueve otra demanda, esta vez por mezclar la presidencia con sus criptomonedas

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Cuando creías que la vida de Donald Trump no podía tener más drama que una telenovela de las nueve, llega un nuevo capítulo. Resulta que su empresa de criptomonedas, World Liberty Financial, ha sido demandada. Lo cómico del asunto es que el demandante no es un fiscal amargado, sino un accionista de una empresa rival que, básicamente, se queja de que Trump está jugando con trucos y no lo invitaron a la fiesta de los miles de millones.

La demanda desempolva una reliquia constitucional llamada Cláusula de Emolumentos Extranjeros, que suena más a un hechizo de Harry Potter que a una ley. Esta norma prohíbe a los presidentes aceptar pagos de gobiernos extranjeros sin pedirle permiso al Congreso, algo así como cuando tenías que pedirle permiso a tu mamá para aceptar un dulce de un extraño. El accionista, J. Benjamin Greenberg, alega que Trump se saltó esta regla al hacer negocios con los Emiratos Árabes Unidos.

Aquí es donde la cosa se pone jugosa. Según la querella, Trump se habría embolsado una fortuna a través de dos transacciones que harían sonrojar a cualquier jeque. La primera fue la venta de una participación del 49% de su empresa por 500 millones de dólares a un grupo respaldado por la realeza emiratí. La segunda fue que un fondo de Abu Dabi usó la «stablecoin» de Trump para financiar una transacción de nada menos que 2.000 millones de dólares. Cifras que uno maneja para comprar el pan, claro.

Como era de esperar, todos los involucrados están actuando como si no hubieran roto un plato en su vida. La empresa rival, Circle, de la que el demandante es accionista, se lavó las manos diciendo: «¡A nosotros no nos miren, ese señor actúa por su cuenta!». Por su parte, un portavoz de la compañía de Trump calificó las acusaciones de «carentes de fundamento», probablemente mientras contaba billetes con la otra mano.

Para ponerle más picante al asunto, esta no es la primera vez que acusan a Trump de usar la presidencia como su cajero automático personal, aunque las demandas anteriores tuvieron menos éxito que un helado en el desierto. Además, su empresa ya está metida en otra bronca legal con el multimillonario Justin Sun. Parece que la compañía de Trump atrae más pleitos que un imán de problemas en una convención de abogados.

Al final, la demanda busca que un juez le dé un tirón de orejas a Trump, le prohíba seguir haciendo estos «negocitos», le obligue a devolver las ganancias mal habidas y pague una indemnización. En resumen, quieren que devuelva los juguetes y pida perdón, aunque tratándose de estas cifras, probablemente todo termine en otro espectáculo mediático más para la colección.

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