Chile, el que fuera el rey Midas del cobre, parece que se tomó muy en serio lo de «renovarse o morir» y eligió la segunda opción. El ministro de Hacienda, con la cara de quien anuncia que se acabó el papel en el baño, soltó que la producción caerá entre un 8% y 9% este año. Esta cifra es peor que el pronóstico anterior, demostrando que su bola de cristal necesita una actualización urgente o, de plano, cambiarla por una que sí funcione.
¿Las causas de este desastre? Una telenovela de mala muerte: accidentes mortales, tormentas dignas del fin del mundo y minas más viejas que un chiste de suegras. Al parecer, la madre naturaleza y la mala suerte se pusieron de acuerdo para jugarle una broma pesada a la industria chilena. Esto se suma a problemas operativos que ya venían arrastrando, como un coche que anda con tres ruedas y cinta adhesiva.
El ministro también señaló con el dedo a la falta de inversión, como si fuera una novedad que nadie se esperaba. Resulta que durante años, mientras los políticos discutían si poner más o menos impuestos, nadie se acordó de meterle un poco de dinero a las minas para que no se cayeran a pedazos. La incertidumbre fue la excusa perfecta para que todos se quedaran de brazos cruzados, esperando un milagro que evidentemente nunca llegó.
Lo más gracioso del asunto es que esto pasa justo cuando el resto del planeta tiene una sed de cobre insaciable para sus centros de datos y cachivaches eléctricos. La producción mundial podría caer por primera vez desde 2017, y Chile está liderando la carrera hacia el fondo del barril con un orgullo digno de medalla. Es el equivalente a cerrar la única cantina del pueblo durante la final del mundial de fútbol.
Este chistecito le costará a la economía chilena una tajada de entre 1 y 1.5 puntos porcentuales de su crecimiento, un golpe más duro que la resaca de Año Nuevo. Es un autogol espectacular, digno de ser repetido en todos los programas de pifias deportivas. El país básicamente se está disparando en el pie con una bazuca, solo para ver qué se sentía.
Pero no teman, que el gobierno ya tiene un plan maestro: agilizar los permisos y atraer inversiones, una solución que tardará años en dar frutos. Es como intentar apagar un incendio forestal con una pistola de agua. Mientras tanto, las minas seguirán produciendo más excusas que cobre, y todos nos preguntaremos si no sería más rentable exportar los memes sobre su propia desgracia.




