La fiesta de la inteligencia artificial se acabó y ahora los inversores se esconden como si debieran la renta

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La resaca financiera llegó a Asia con la misma sutileza de un elefante en una cristalería, siguiendo el dramón que se armó en Wall Street. Parece que la borrachera de principios de año con las acciones tecnológicas llegó a su fin, y ahora los inversores corren a refugiarse en bonos del Tesoro como si buscaran el último salvavidas del Titanic. El principal índice de la región cayó un 0,3%, marcando su segundo día de lloriqueos y poniéndose al nivel de popularidad de un político en plena crisis.

Las cifras son para llorar en un rincón: el índice Nasdaq 100 se desplomó un 2,9% y el de Semiconductores se fue de bruces con una caída del 6,7%, su peor tropezón desde junio. Gigantes como Tesla y Meta, que antes eran los reyes de la fiesta, ahora son vistos como ese pariente incómodo que pide dinero prestado en la cena de Navidad. La cosa se puso tan fea que hasta el fabricante de chips surcoreano SK Hynix canceló la salida a bolsa de su filial, seguramente porque sus accionistas se dieron cuenta de que el cohete iba para abajo.

Ante este panorama desolador, los ricachones no abandonaron el casino por completo, pero sí cambiaron las apuestas arriesgadas por algo más aburrido y seguro. En lugar de seguir en la fiesta loca de la tecnología, decidieron que era más emocionante comprar acciones de empresas de servicios públicos que pagan dividendos. Es el equivalente financiero a cancelar un viaje a Las Vegas para quedarse en casa a ordenar los calcetines por color.

Y para echarle más leña al fuego del pánico global, el petróleo Brent se mantuvo por las nubes, cotizando alrededor de los 113,10 dólares por barril. Esto se debe, en parte, a que unos atentados en Arabia Saudita pusieron a todos a pensar en la escasez de suministro, como si no hubiera suficientes problemas ya. Mientras tanto, en Taiwán, ni se enteraron de la mitad del caos bursátil porque un tifón los mandó a todos a casa a ver series.

El drama chino no se queda atrás, con una caída monumental de 2,4 billones de dólares desde su punto más alto en mayo, lo que básicamente es un mercado en modo «sálvese quien pueda». Alibaba, el gigante del comercio electrónico, sufrió su mayor caída en meses, arrastrando a todo el sector tecnológico con él. Un estratega macroeconómico básicamente dijo que el mal humor de los inversores hacia China podría durar hasta principios de 2027, a menos que ocurra un milagro.

En resumen, el sueño de volverse millonario con la inteligencia artificial se está pareciendo más a una pesadilla con facturas por pagar. Los inversores, que hace unos meses se sentían genios de las finanzas, ahora corren hacia la seguridad de los bonos del Tesoro con el rabo entre las piernas. Todo el optimismo se evaporó más rápido que un sueldo en semana de quincena, demostrando que en el mundo de las finanzas, la fiesta nunca dura para siempre.

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