Resulta que la compañía de cohetes de Elon Musk, esa que sueña con jubilarse en Marte, ha encontrado su verdadera vocación: la inteligencia artificial. Las acciones de SpaceX se dispararon casi un 8% no por un nuevo cohete exitoso, sino porque su división de IA está generando dinero como si imprimiera billetes en el sótano. Para rematar el disparate, Musk ahora baraja la idea de fusionar sus dos juguetes más caros, SpaceX y Tesla, creando un monstruo corporativo que probablemente pida la dominación mundial como primer objetivo.
Las cifras son para caerse de espaldas y no levantarse. Los ingresos de la compañía crecieron un 161% en un año, alcanzando la módica suma de 14.600 millones de dólares en solo un trimestre. Pasaron de reportar pérdidas de 1.100 millones a tener una ganancia neta de 4.400 millones de dólares. Es el equivalente financiero a pasar de deberle dinero al de la tienda a comprar la tienda entera y ponerlo a él de gerente.
La verdadera estrella de este circo no es un cohete, sino la división llamada «Super Intelligence», que por sí sola generó 7.600 millones de dólares. Esto representa un crecimiento del 830% respecto al año anterior, una cifra que ni el más optimista de los apostadores se atrevería a soñar. De repente, los satélites y los viajes espaciales parecen el negocio secundario, como una banda de rock que se da cuenta de que vende más camisetas que discos.
Como era de esperarse, los analistas de Wall Street están más emocionados que un niño en una dulcería con la tarjeta de crédito de sus padres. Un apabullante 77,6% de ellos recomienda comprar acciones de SpaceX como si no hubiera un mañana. Al parecer, la idea de un futuro dominado por la inteligencia artificial de Musk les parece una inversión de lo más sensata, o simplemente no quieren quedarse fuera de la fiesta.
Mientras tanto, el negocio de internet por satélite, Starlink, sigue creciendo a su propio ritmo. Generó unos respetables 5.200 millones de dólares, con un aumento del 69%, pero ya nadie le hace caso. Es como el hermano estudioso cuya familia solo habla de los logros del hermano que se hizo millonario con una aplicación para editar fotos de gatos. Pobre Starlink, relegado a ser el telonero del gran espectáculo de la IA.
La guinda del pastel es esa posible fusión con Tesla, que crearía un coloso valorado en unos 3,5 billones de dólares. Todavía no hay nada firmado, pero la sola idea de unir coches eléctricos, robots, cohetes y una IA superpoderosa suena a guion de película de ciencia ficción. Solo queda esperar para ver si el resultado es un futuro brillante o el nacimiento de la empresa que finalmente nos esclavizará a todos.




