Pemex le pide ayuda a su compadre brasileño, pero la cita está en pausa por el drama familiar

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Parece que el romance energético entre México y Brasil tendrá que esperar, como quien deja en visto un mensaje prometedor porque se desató el pleito en la cena de Navidad. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que la gran alianza entre Pemex y Petrobras está más detenida que el tráfico en hora pico, todo por culpa del circo electoral que se traen en Brasil. Resulta que firmaron un papelito muy elegante, un «memorando de entendimiento», pero de ahí no ha pasado porque los brasileños andan muy ocupados decidiendo el próximo capítulo de su telenovela política.

La cosa está así: Petrobras es el alumno estrella de la clase, el que saca puro diez en exploración de aguas profundas y produce más de 2.4 millones de barriles diarios como si estuviera sacando agua de un pozo. Mientras tanto, nuestro querido Pemex es el estudiante que lleva cuarenta años tratando de pasar la misma materia, con una producción que apenas llega a 1.6 millones de barriles y que da más pena que alegría. La idea era que el gigante brasileño le pasara los apuntes al mexicano para ver si por fin aprende a buscar petróleo donde sí hay.

Pero, ¡oh, sorpresa!, el plan se topó con una pared llamada «elecciones brasileñas». El hijo del ultraderechista Jair Bolsonaro y el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva se están dando con todo para ver quién se queda con el control, y hasta que no haya un ganador claro, nadie va a mover un solo dedo. La colaboración energética quedó en modo de espera, como cuando pides comida a domicilio y la aplicación solo dice «preparando tu pedido» durante dos horas.

Cuando le preguntaron a la presidenta si no le preocupaba perder aliados con este desastre, Sheinbaum sacó la carta clásica de cualquier político en apuros y respondió que su principal aliado es «el pueblo». Una respuesta conmovedora que equivale a decir que tu mejor amigo es tu amor por la vida cuando te preguntan con quién irás a la fiesta. Muy poético, pero es poco probable que «el pueblo» sepa cómo operar una plataforma petrolera a tres mil metros de profundidad.

Así que, mientras en Brasil se deciden entre un candidato y otro, la maquinaria de Pemex seguirá acumulando telarañas y esperando un milagro. El futuro de la producción petrolera nacional depende menos de la ingeniería y más de los resultados de una votación en otro país. A este paso, será más fácil que encontremos vida en Marte a que esta colaboración finalmente arranque.

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