Lamine Yamal recibe el trofeo Kopa por tercera vez consecutiva en la gala del Balón de Oro

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El joven delantero del Barcelona se llevó el premio al mejor jugador menor de veintiún años durante la ceremonia celebrada el lunes. Con solo diecinueve años, Yamal ya acumula tres reconocimientos seguidos y además figuró entre los nominados al galardón principal junto a leyendas como Lionel Messi, Erling Haaland y Kylian Mbappé. El trofeo también distingue a las mejores figuras del fútbol femenino, aunque el foco quedó en el español.

Su sueldo anual bruto alcanza los 31,25 millones de euros en el club catalán, una cifra que lo empata en lo más alto de la nómina con el centrocampista Rodri. El contrato firmado en 2025 lo ata al equipo hasta junio de 2031 e incluye una cláusula de rescisión de mil millones de euros. Según estimaciones publicadas, su fortuna personal ya ronda los 55 millones de dólares hasta octubre de este año.

Las marcas no han tardado en subirse al carro del fenómeno. Adidas, OPPO, Powerade y American Eagle lo han fichado como imagen publicitaria, y esta última lo convirtió en su primer embajador global con una colección inspirada en su estilo personal. El detalle más llamativo llegó hace unas semanas, cuando Yamal apareció en una concentración de la selección española luciendo un reloj valorado en 240 mil euros y un bolso de 10 mil euros.

El contraste entre su edad y su poder adquisitivo genera situaciones que parecen sacadas de una comedia de enredos. Un adolescente que cobra como veterano consagrado y viaja con accesorios de lujo mientras sus compañeros de equipo aún buscan piso compartido resulta tan absurdo como gracioso. El medio que reveló los datos señaló que esta paridad salarial refleja el valor que el club da tanto a las estrellas fichadas como a los talentos formados en casa.

Al final, Yamal representa esa rara mezcla de precocidad y millonada que hace que el fútbol parezca un videojuego desbloqueado antes de tiempo. Su ascenso meteórico, los contratos millonarios y los caprichos de diseñador convierten cada aparición suya en un capítulo nuevo de una serie donde el protagonista aún no puede alquilar un coche sin permiso de los padres. El público adulto que sigue estas historias lo celebra con la misma mezcla de envidia y carcajada que provoca ver a un crío ganar la lotería mientras los demás siguen pagando hipoteca.

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