El Indicador de Confianza del Consumidor cerró octubre en 45 puntos según el Inegi, una cifra que confirma que los hogares siguen viendo el futuro con cara de funeral. La caída mensual fue de solo 0.1 puntos, la segunda seguida, aunque más suave que la de 1.2 puntos del mes anterior. En la comparación anual también bajó 0.6 puntos, otro segundo mes consecutivo de retroceso.
Pese al crecimiento del PIB de 3.2 por ciento anual hasta septiembre y 0.9 por ciento trimestral, los mexicanos mantuvieron su escepticismo sobre la marcha del país. Los dos rubros que más bajaron fueron la situación económica actual del país y la esperada dentro de doce meses, cada uno con un descenso de 0.5 puntos. La situación económica actual de los hogares también retrocedió 0.1 puntos.
Este contraste entre los datos oficiales de crecimiento y el ánimo de la gente parece sacado de una comedia de equivocaciones. Mientras el Inegi celebra que la economía se mueve, los consumidores actúan como si les hubieran dicho que el aguinaldo se paga en vales de supermercado. El pesimismo se concentra sobre todo en lo que pasa ahora y en lo que podría pasar el año que viene.
En cambio, la percepción sobre la situación económica futura del hogar mejoró 0.5 puntos y las intenciones de comprar muebles y electrodomésticos subieron 0.3 puntos. De los diez indicadores complementarios, siete avanzaron, con las posibilidades de ahorrar liderando con un salto de 2.9 puntos y las de salir de vacaciones con 1.1 puntos más.
Sin embargo, las expectativas para comprar ropa, zapatos y alimentos cayeron 1.4 puntos, como si de pronto todos hubieran decidido que el guardarropa ya está lo suficientemente viejo. El resultado final es un retrato de un país que crece en los papeles pero sigue dudando si eso llegará a su bolsillo. Al final, la confianza parece más frágil que un plato de mole en un temblor de 5.5 grados.



