Las exportaciones de productos electrónicos dejan en México apenas treinta centavos por cada dólar enviado al extranjero, mientras que en el sector automotriz la proporción sube hasta cincuenta centavos. Esta diferencia se debe a que la mayor parte de los componentes llega de fuera y el ensamblaje local no genera mucho valor agregado. El resultado es que el país participa en la cadena pero se queda con la parte más pequeña del pastel.
México suministra cerca del cuarenta por ciento de los servidores que importan los estadounidenses, lo que lo coloca como actor importante en el auge de la inteligencia artificial. Sin embargo, ese crecimiento ha traído consigo un aumento descomunal de las compras de insumos extranjeros necesarios para armar los aparatos. Las importaciones provenientes de Taiwán han crecido doscientos ocho por ciento este año, según datos de Banco Base.
Las mercancías intermedias representan el ochenta punto cuarenta y tres por ciento de las importaciones totales, casi todo destinado al ensamblaje de equipo de cómputo. Esta dependencia explica por qué el contenido nacional de las exportaciones tecnológicas sigue siendo tan bajo comparado con otras industrias. El economista Jonathan Fortun, del Instituto de Finanzas Internacionales, señala que el reto consiste en dejar de ser solo la mano que atornilla para construir una proveeduría local más sólida.
Desde dos mil dieciocho las exportaciones de maquinaria tecnológica han cobrado fuerza junto con sectores como la petroquímica y los bienes de consumo. Investigadores del Fondo Monetario Internacional observan que este cambio en la composición abre la puerta a actividades de mayor contenido tecnológico. Al mismo tiempo plantea la necesidad de desarrollar proveedores nacionales que eleven el valor agregado de computadoras, equipo médico y telecomunicaciones.
El riesgo es quedarse atrapado en la etapa de simple ensamblador mientras otros países se quedan con el diseño y las ganancias más jugosas. Gabriela Siller, de Banco Base, advierte que el salto en las importaciones de insumos revela hasta qué punto México depende de componentes extranjeros para mantener el ritmo exportador. Sin un salto hacia mayor integración local, el país seguirá enviando servidores al mundo pero conservando apenas las migajas del festín tecnológico.



