El tigre petrolero despierta mientras los apagones le roban el sueño

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En las afueras de El Tigre, a más de seis horas de Caracas, los aviones privados aterrizan como taxis en hora pico. Venezolanos que se fueron regresan para atender el alud de empresas de servicios que llegan con maletas llenas de equipos y ganas de facturar. Los alquileres de casas amuebladas ya subieron 33 % desde enero y los edificios de oficinas parecen un vagón de metro en hora punta.

Greg Díaz, de Frontier Forwarders, contó que en un año duplicaron los envíos de maquinaria y triplicaron los clientes. Tuvieron que meter un segundo barco solo para no dejar pedidos en el muelle. Todo esto pasa antes de que salga el primer barril extra de la Faja del Orinoco, donde el crudo es más espeso que la melaza de la abuela.

Tras la captura de Maduro en enero y la llegada de Delcy Rodríguez al poder interino, la ley petrolera bajó impuestos y regalías. La turca Çan2 Termik metió 400 millones de dólares a través de Denarius para rehabilitar pozos. Otras firmas como GeoPark, Weatherford y ONGC mandan gente y equipos desde Montana, Oklahoma y hasta Luisiana.

Los hoteles ya están al 87 % de ocupación y los restaurantes tuvieron que contratar personal extra. En San Tomé una casa amueblada pasa de 1 500 a 4 500 dólares al mes. En Puerto La Cruz hay viviendas que saltaron de 120 000 a 380 000 dólares. Mientras tanto, los cortes de luz siguen durando horas y el agua negra corre por las calles principales.

La producción sigue clavada en 1,2 millones de barriles diarios y el país espera 76 000 millones de dólares en cinco años. Por ahora, los residentes solo ven más tráfico y menos apagones esporádicos cuando “alguien importante se queja”. El tigre ya afila las garras, pero todavía le falta aprender a caminar sin tropezar con los cables caídos.

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