El secretario Édgar Amador se plantó frente a inversionistas en un hotel de Paseo de la Reforma para asegurar que todo pinta mejor. Citó crecimiento, exportaciones al alza y aranceles más bajos con Estados Unidos. A unos metros, Sergio Pérez realizaba su show run con derrapes y fanáticos, como si la economía también estuviera haciendo vueltas de exhibición.
Según Amador, el segundo trimestre registró un avance de 1,5 por ciento respecto al trimestre previo y 1,9 por ciento anual. Las estimaciones preliminares de septiembre apuntan a un 3,7 por ciento, la mayor tasa desde 2023. Los analistas, la OCDE y el FMI ya revisaron al alza sus pronósticos para México.
El déficit fiscal bajará a 4,1 por ciento del PIB en 2026 y a 3,9 por ciento en 2027. La deuda cerrará este año en 54 por ciento del PIB, por debajo del promedio de mercados emergentes. La mayor parte está en pesos y a tasa fija, lo que reduce el susto ante cambios en el dólar o las tasas.
Las exportaciones crecieron 30 por ciento de enero a septiembre, y las de equipos electrónicos y computación se duplicaron en 26 meses consecutivos. Gracias al T-MEC, el arancel efectivo promedio para productos mexicanos bajó a 3,2 por ciento. La proporción de mercancías que cumplen las reglas de origen subió de 50 a más de 83 por ciento.
El Plan México busca llevar la inversión al 28 por ciento del PIB en 2030 con deducciones de hasta 91 por ciento en activos fijos. La inversión pública creció 10,2 por ciento y la privada 6,7 por ciento hasta julio. La inversión extranjera directa alcanzó 34 mil millones de dólares en el primer semestre, cifra récord. Mientras tanto, Amador sigue hablando de estabilidad fiscal mientras Checo sigue quemando llanta a un par de cuadras.




