El FMI aplaude a Honduras por mantener la estabilidad pese a los golpes externos pero exige reformas más profundas.

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El organismo internacional pintó un cuadro donde la economía hondureña se comporta como un boxeador que resiste los puñetazos de la sequía y el encarecimiento de la energía sin caerse del ring. El crecimiento del tres coma siete por ciento en el primer semestre se moderará al tres coma cuatro por ciento al cierre del año, un dato que el Fondo celebra pero con la misma cara de quien recibe un regalo envuelto en papel de periódico viejo. Las reservas llegaron a once mil quinientos millones de dólares, suficientes para presumir pero no para tirar la casa por la ventana.

La inflación en seis coma tres por ciento y el superávit de cuenta corriente que se convertirá en déficit del dos coma dos por ciento del producto interno bruto completan un panorama que el FMI describe como sólido pero frágil, parecido a una silla de plástico en una fiesta de borrachos. El acuerdo técnico para la última revisión de los programas permitiría acceder a ciento veinte millones de dólares si el directorio da el visto bueno en diciembre, un dinero que llega como propina después de comportarse bien en clase.

El problema principal sigue siendo la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, descrita como una carga financiera que amenaza las finanzas públicas como una sanguijuela pegada al presupuesto familiar. Aunque se aprobó la Ley de Justicia Energética y se mejoró la focalización de subsidios, el Fondo insiste en reducir pérdidas, mejorar gobernanza y evitar que las ayudas se conviertan en cheque en blanco para todos.

Las recomendaciones incluyen modernizar la recaudación tributaria, fortalecer el control del gasto público y avanzar hacia un esquema de metas de inflación con tipo de cambio más flexible, medidas que suenan a tarea escolar pendiente que nadie quiere hacer en vacaciones. El organismo también pide poner en marcha el registro de beneficiarios finales y reforzar la transparencia para la evaluación del Grupo de Acción Financiera Internacional en dos mil veintisiete.

En resumen, Honduras recibe una palmadita en la espalda por no haber colapsado pero queda advertida de que sin reformas institucionales serias el futuro se parece más a un castillo de naipes en plena ventisca que a una fortaleza inexpugnable. El FMI concluye que los objetivos del programa se cumplieron en gran medida, aunque los riesgos climáticos y mundiales siguen rondando como mosquitos en verano.

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