El bitcoin se despierta de su siesta y se une a la fiesta de los ricos

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Parece que el bitcoin por fin se desperezó de su siesta existencial. La famosa criptomoneda, que andaba más apática que un burócrata en lunes, se levantó de su letargo y subió un 2.4% hasta los US$84,737. Al parecer, vio que las acciones tecnológicas estaban de fiesta gracias a SpaceX y, como ese primo gorrón que nunca se quiere perder un brindis, decidió unirse al jolgorio especulativo que recorre los mercados mundiales. ¡Salud!

El repentino entusiasmo no fue solo por envidia. Al parecer, el gobierno estadounidense, a través de la Oficina del Contralor de la Moneda, les lanzó una migaja a los emisores de *stablecoins* con una nueva medida, lo que fue interpretado por el mercado como una señal de que quizás no los odian tanto después de todo. Este pequeño gesto, sumado al subidón de la inteligencia artificial, fue suficiente para que los inversores se sintieran valientes de nuevo, como quien se toma tres tequilas y decide que puede bailar flamenco.

Como era de esperar, los apostadores de siempre ya volvieron a la mesa de juego. El «interés abierto» en los futuros, que es la forma elegante de decir «cuánto dinero hay apostado a que esto sube o baja», ha vuelto a crecer después de semanas de calma chicha. Un experto incluso se atrevió a decir que si la cosa llega a los US$87,000 con fuerza, podríamos estar ante el inicio de un nuevo fiestón y no solo una recuperación de la resaca.

Y hablando de apuestas, el mercado de opciones parece un casino en plena hora pico. Las fichas más populares están puestas en contratos de compra que apuestan a que el bitcoin alcanzará los US$95,000, US$90,000 e incluso los delirantes US$100,000. Esto es el equivalente financiero a comprar un billete de lotería con la esperanza de jubilarse en una isla privada el próximo martes.

Mientras tanto, el dinero más «serio» también está volviendo a la piscina, aunque con flotadores. Los fondos cotizados (ETF) de bitcoin han recibido unos US$2,300 millones en el último mes, demostrando un renovado interés de los inversores. El fondo IBIT de BlackRock ha sido el más beneficiado, como el niño más popular de la clase al que todos le copian la tarea.

Sin embargo, no todo es confeti y serpentinas. Unos analistas con cara de pocos amigos de Glassnode señalan que, aunque entra dinero, el volumen de negociación no sube. Es como una fiesta a la que llega mucha gente, pero nadie se anima a salir a la pista de baile. A pesar de todo, los optimistas insisten en que hay «suficiente combustible en el depósito para que vuelva a alzar el vuelo», aunque no especificaron si se trata de un cohete o de un cacharro a punto de desarmarse.

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