En julio México dejó de ser el principal proveedor de autos de pasajeros para Estados Unidos, desplazado por Japón y Corea del Sur, aunque mantuvo el primer lugar en el acumulado del primer semestre de 2026. El retroceso se da justo cuando los aranceles estadounidenses al sector automotriz empiezan a morder como una suegra enojada. El investigador Diego Marroquín Bitar del CSIS señaló que estas medidas están complicando el comercio regional y que endurecer las reglas de origen del T-MEC podría subir costos y mandar la producción fuera de Norteamérica.
Entre enero y julio de 2026 las importaciones de autos mexicanos cayeron 20 por ciento frente al mismo periodo de 2024, aunque las importaciones totales de bienes desde México subieron casi 24 por ciento. Los vehículos mexicanos llevan en promedio 40 por ciento de componentes estadounidenses, mientras que los de otros países traen mucho menos valor fabricado en Estados Unidos. El resultado parece contradictorio con el objetivo de fortalecer la producción local.
Desde que entró en vigor el T-MEC el comercio intrarregional creció al menos 37 por ciento y la inversión extranjera directa regional aumentó 16 por ciento entre 2019 y 2024. Sin embargo los aranceles bajo la Sección 232 coincidieron con una contracción fuerte del comercio automotriz regional. Endurecer las reglas de origen dejaría de impulsar la integración y empezaría a elevar costos y a desplazar producción.
El experto advirtió que subir los umbrales de contenido regional o aplicar aranceles incluso al comercio que cumple con el T-MEC podría reducir el incentivo para usar las preferencias del tratado. Citó estimaciones de la Reserva Federal que sitúan la carga adicional de cumplimiento entre 1.4 y 2.5 por ciento del valor de los productos. El uso de esas preferencias ya bajó entre 10 y 21 puntos porcentuales según el nivel de arancel.
Más que elevar los requisitos generales, Marroquín Bitar sugirió que la revisión del T-MEC atienda los componentes donde Norteamérica depende de proveedores externos. Las reglas automotrices se pensaron para piezas mecánicas, pero ahora el valor de los vehículos se concentra en semiconductores, sensores, pantallas y software, donde el contenido regional es más limitado. Al final parece que los aranceles están logrando lo que nadie pidió: encarecer los autos como si fueran caviar mientras todos terminan comprando el mismo modelo chino con acento texano.



