Banorte decidió pasar de regalar tostadoras a sortear un Hyundai Creta diario hasta diciembre. Cada cliente recibe un boleto por cada diez mil pesos de dinero nuevo que deposite. La idea suena a promoción de supermercado pero con llantas y motor.
Los bancos tradicionales enfrentan presión de las fintech que ofrecían tasas de dos dígitos. Banorte responde con autos en vez de intereses altos y presume que sus depósitos crecieron trece por ciento en el tercer trimestre. El director general Marcos Ramírez asegura que la estrategia ya da resultados concretos.
El costo total ronda los cuarenta millones de pesos en vehículos. Para un banco que maneja un billón trescientos veinte mil millones en depósitos esa cifra parece un gasto de oficina. Los analistas lo llaman economía conductual disfrazada de ruleta automotriz.
Los competidores digitales siguen ganando terreno aunque bajaron sus tasas iniciales. Aun así los grandes bancos conservan ventaja suficiente para no entrar en una guerra de intereses. Banorte y BBVA crecen por encima del promedio del sistema según el regulador.
La jugada parece absurda pero efectiva para captar atención. Mientras unos ofrecen rendimiento real otros prometen la ilusión de ganar un auto. Al final muchos prefieren soñar con un Creta antes que sumar intereses modestos en una cuenta aburrida.



