La Ciudad de México acaba de demostrar que puede mezclar tradición, velocidad y turismo como si fuera un guiso de mole con turbo. Durante diez días, cerca de ocho millones de personas circularon entre catrinas, alebrijes y monoplazas, dejando una derrama de 36 mil millones de pesos y, lo más sorprendente, saldo blanco. Clara Brugada informó que el Gran Premio de Fórmula 1 aportó 21 mil millones, mientras que el resto provino de hoteles, comida y ofrendas que parecieron multiplicarse solas.
El fin de semana alcanzó 92 por ciento de ocupación hotelera, con colonias como Roma y Condesa llegando al cien por ciento. Más de 500 mil turistas llegaron, un aumento del 22 por ciento respecto al año anterior. La Catrina monumental del Zócalo midió 33 metros, batió récord Guinness y atrajo a un millón 600 mil visitantes en cuatro días. La exhibición de Checo Pérez en Reforma reunió a 100 mil personas, mientras 80 ofrendas comunitarias y 44 actividades en Utopías y Faros mantuvieron ocupados hasta los rincones menos transitados.
La Secretaría de Seguridad Ciudadana desplegó 11 mil elementos para que todo transcurriera sin incidentes. Ochenta mil personas visitaron Tlatelolco, y Mixquic y Xochimilco lucieron sus propias celebraciones. La mandataria capitalina resaltó que la organización convirtió cultura, logística e infraestructura en empleos e ingresos para miles de familias. La Catrina permanecerá hasta el 11 de noviembre para quienes aún no la vieron.
Al final, la capital demostró que puede recibir multitudes, generar riqueza y celebrar a los muertos sin que nada se salga de control. Una mezcla de flores, motores y memoria que dejó a todos contentos y con la cartera un poco más llena.




