El Instituto Nacional Electoral, con su nuevo consejo al mando, decidió que lo mejor para limpiar la casa es revisar cada papel firmado en los últimos lustros, como si el archivo fuera un baúl de abuelita con secretos olvidados. La medida llega tras la salida de Guadalupe Taddei y suena a limpieza profunda antes de que lleguen visitas incómodas.
Las diez consejerías restantes preparan auditorías externas a todos los contratos vigentes. Si encuentran irregularidades, cancelarán los convenios y pedirán a la Auditoría Superior de la Federación un chequeo exprés. También solicitarán a la Unidad de Inteligencia Financiera y al SAT que revisen a los proveedores, sus socios y hasta sus primos lejanos. La idea es evitar que el presupuesto de 2027 se parezca a una rifa sin control. Además, crearán un micrositio para denuncias ciudadanas y un protocolo que ordene el gasto público como si fuera receta de cocina con medidas exactas.
Claudia Sheinbaum pidió revisar administraciones anteriores al 2025, y la ASF ya tiene tres líneas de investigación abiertas: una sobre organismos locales electorales, otra que abarca desde el año 2000 hasta 2025 para detectar patrones de contratación, y una auditoría completa al propio INE. Todo apunta a mayor transparencia sin dramas de telenovela.
El escándalo mediático queda en anécdota mientras el instituto avanza con reglas más claras y menos sorpresas. Al final, revisar el pasado sirve para que el futuro no repita los mismos enredos de siempre.




