Checo Pérez cede el volante en Brasil para que un yanqui cace su último punto de superlicencia

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En el Gran Premio de São Paulo 2026, la escudería Cadillac decidió que Sergio Pérez se quedara cómodamente en el garaje el viernes mientras Colton Herta se encargaba de los mandos del MAC-26. El plan parece sacado de una comedia burocrática: Herta debe completar al menos cien kilómetros limpios en Interlagos para sumar el punto que le falta y así tramitar su superlicencia ante la FIA.

El estadounidense, que llegó al Autódromo Hermanos Rodríguez con treinta y nueve puntos, se topó con un ajuste aritmético digno de una telenovela de contadores. Tras revisar el desempate del IndyCar 2025, lo bajaron del sexto al séptimo lugar y perdió dos unidades. Ahora necesita veinticuatro vueltas sin dramas en la pista brasileña para cerrar el expediente. El equipo lo presenta como una misión de ingeniería, aunque suena más a videojuego de colección de monedas.

Mientras tanto, Pérez retomará su asiento para la clasificación, la sprint y la carrera del domingo, con la tranquilidad de que Herta le entregará datos frescos sobre degradación de neumáticos y balance aerodinámico. El californiano ya rodó en Barcelona, Budapest, Monza, Austin y México, por lo que conoce el ritual de entregar el coche listo para el mexicano. La directiva de Cadillac sigue evaluando su alineación para 2027, pero mantiene a Pérez como pieza central del proyecto.

Al final, lo que parecía un simple cambio de piloto se convirtió en una carrera contra el reglamento de la FIA. Herta buscará su punto como quien persigue la última ficha para entrar al antro, mientras Checo espera el coche afinado para pelear en el trazado paulista.

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