Venezuela prepara un segundo cargamento de aluminio para enviar a Estados Unidos, casi como si dos vecinos que se peleaban por la cerca decidieran prestarse la podadora otra vez. El primer lote de quince mil toneladas llegó a Nueva Orleans a finales de septiembre y el próximo podría zarpar antes de que termine el año. Las empresas Mercuria Energy Group y Heeney Capital hablan con funcionarios venezolanos para repetir la jugada.
El aluminio venezolano interesa a Washington porque aparece en la lista de minerales críticos que necesita la industria estadounidense. Se usa en autos, latas de cerveza y hasta en aviones, por lo que cualquier cargamento extra sirve para no depender de otros proveedores. Las conversaciones siguen el mismo esquema del envío anterior y las empresas no han dado declaraciones oficiales.
El nuevo ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Oliver Blanco, viajó a Washington y se reunió con el secretario de Estado Marco Rubio y con el secretario del Tesoro Scott Bessent. Ese encuentro forma parte de la lenta reapertura comercial entre ambos países después de que Estados Unidos capturara a Maduro en enero. Nadie esperaba que el aluminio fuera el primer producto en cruzar la frontera otra vez.
La ironía salta a la vista porque la administración Trump mantiene aranceles altos para proteger a los productores locales de aluminio mientras acepta material venezolano. Es como poner candado a la nevera pero dejar la ventana abierta para que entre el vecino con una caja de refrescos. Los cargamentos son pequeños, sin embargo muestran que el sector minero venezolano sigue llamando la atención de inversionistas extranjeros.
Al final, el aluminio viaja en barco mientras las políticas parecen ir en direcciones opuestas sin chocar todavía. Las fundiciones de Venalum siguen operando y las empresas estadounidenses observan con interés lo que pueda salir de allí. Por ahora el segundo envío sigue en negociaciones y nadie sabe si llegará antes de que cambien las reglas otra vez.




