Las tropas británicas y sus compinches europeos ya tienen permiso para devolver el golpe si Vladímir Putin decide usarlos de saco de boxeo después del alto el fuego. La idea es montar una especie de guardia de honor armada que ayude a Ucrania a recomponer su ejército, pero sin que parezca que van a invadir otra vez. El problema surgió cuando alguien preguntó: “¿Y si nos disparan?”. La respuesta oficial ahora es: “Pues nos defendemos, faltaría más”.
La Fuerza Multinacional para Ucrania, o MNF-U para los que odian escribir, no va a vigilar el alto el fuego ni a lanzar ofensivas. Su trabajo principal será repartir fusiles, dar clases de tiro y hacer que los ucranianos y los aliados se entiendan en el campo de batalla como un equipo de fútbol que por fin practica pases. El teniente general Tom Bateman dejó claro que solo aparecerán cuando ya no haya tiros y todo esté más o menos calmado, o sea, cuando el peligro ya haya pasado… o eso esperan.
Un funcionario occidental avisó que Rusia podría atacarlos también en redes sociales y en la televisión, algo así como una guerra de memes y propaganda antes de los cañonazos. Aun así, juran que la fuerza será puramente defensiva, como un portero que solo sale cuando le tiran a puerta. Y lo más gracioso: todo el despliegue se hará sin depender de Elon Musk ni de sus satélites, porque pedirle ayuda a Trump sería como pedirle a la suegra que te deje usar su coche para ir a una cita.
En Polonia ya están calentando motores. Unos 2.800 militares de Francia, Reino Unido, Bélgica, Estonia, Alemania, Países Bajos, España, Suecia y Turquía ensayan cómo mover suministros, volar aviones Typhoon y limpiar minas en el mar Negro como si estuvieran organizando unas vacaciones en la playa después de una guerra. Los británicos mandarán a sus famosos “Desert Rats” a practicar logística, mientras aviones de reabastecimiento simulan proteger aviones comerciales. Todo muy serio, hasta que uno se acuerda de que el plan original hablaba de 64.000 soldados y ahora bajaron la cifra porque “menos es más… o más barato”.
Al final, la misión parece un ejercicio de “veamos cuánto podemos entrenar sin que nos maten”. Porque en la vida real, como en cualquier reunión familiar, lo difícil no es llegar, sino salir entero cuando alguien decide que la paz ya se acabó.




