Santiago Peña reaccionó como quien descubre que el asado se quemó por culpa del cocinero principal y pidió la renuncia inmediata del titular del Banco Central del Paraguay. El organismo había cerrado Ueno Bank tras comprobar que su solvencia cayó por debajo del cincuenta por ciento, dejando a miles de clientes sin acceso a sus ahorros y comprometiendo plata del Estado y de las cajas jubilatorias.
Peña anunció que enviará un proyecto de ley para usar el Fondo de Garantía y devolver la plata de los ahorristas cuanto antes, mientras repite que esto es un caso aislado y no un problema de todo el sistema financiero. El mandatario ya habló con los presidentes del Congreso para que aprueben la norma a toda velocidad, como si se tratara de pagar la cuenta del bar antes de que llegue la policía.
La resolución del Banco Central cortó de cuajo la aplicación, las tarjetas y todos los servicios de la entidad, tal como explicó una directiva durante la conferencia de prensa. Los responsables, según Peña, tendrán que responder ante la justicia sin privilegios, aunque por ahora los clientes siguen esperando que les devuelvan hasta el último guaraní que tenían guardado.
La movida deja en evidencia que un solo banco en problemas puede sacudir el bolsillo de la gente común y de las instituciones públicas por igual. Peña pidió al Banco Central que explique rápido los plazos de devolución, mientras el país observa el espectáculo con la misma cara de asombro que cuando se acaba la cerveza en mitad de la fiesta.




