Sheinbaum explica las islas del río como quien mide el agua de una alberca electoral

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En plena temporada de comicios en Estados Unidos, la presidenta Claudia Sheinbaum bajó el tono de la controversia sobre las islas del Río Bravo con la misma serenidad de quien explica por qué no se puede pelear por una rebanada de pastel que todavía está en el horno. Según ella, el asunto no es más que un tema de campaña y no una invasión texana disfrazada de geografía creativa.

La mandataria recordó durante la mañanera del 3 de noviembre que ninguna decisión sobre estos territorios corresponde al gobierno de Texas, sino a la Comisión Internacional de Límites y Aguas, un organismo bilateral que suena más serio que cualquier tuit de último minuto. Las islas, aclaró, aparecen por el movimiento natural del agua, algo tan predecible como que en noviembre los políticos prometan lo imposible. Si el terreno queda del lado mexicano, estadounidense o repartido, esa es la comisión la que lo determina con reglas y no con declaraciones de fogueo electoral.

El proceso, lejos de ser un drama diplomático, parece más bien una rutina de medición que se repite cada vez que el río decide cambiar de parecer. Sheinbaum subrayó que no hay nada extraordinario en el fenómeno y que el marco legal ya existe para resolverlo sin necesidad de convertir cada islote en trending topic. Mientras tanto, la comisión sigue su trabajo técnico, ajena al ruido de las urnas.

Al final, el mensaje quedó claro: las fronteras no se redefinen por calendario electoral, aunque algunos lo intenten con más entusiasmo que precisión cartográfica.

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