Grupo Televisa anunció la compra del negocio de AT&T en México a través de un consorcio con Fintech Holdings, pagando dos mil millones de dólares por el segundo operador del país. La operación incluye más de veinticuatro millones de suscriptores de telefonía móvil, casi seis millones de banda ancha y seis millones de video, lo que representa el veintitrés por ciento del mercado total. Los directivos aseguran que esto fortalecerá su posición, aunque el cierre se espera recién en el primer trimestre de dos mil veintisiete.
El coCEO Alfonso de Angoitia explicó que cada socio aportará cuatrocientos millones de dólares y el resto se financiará con un préstamo a cinco años sin recurso. Según sus cálculos, los activos combinados generarían ocho mil millones de dólares anuales en ingresos. La deuda neta sobre EBITDA subiría apenas de uno coma seis a uno coma nueve veces, un detalle que el ejecutivo presenta como prueba de que el balance seguirá sólido.
La transacción promete convergencia fijo-móvil, paquetes combinados y ventas cruzadas, algo que suena a la receta perfecta para que el cliente termine pagando tres veces por el mismo servicio. Los reguladores aún tienen que dar el visto bueno, lo que convierte el anuncio en una promesa de futuro más que en un cambio inmediato. Mientras tanto, Televisa ya habla de optimización operativa como si los números solos fueran a ordenar el caos de las telecomunicaciones mexicanas.
El mercado observa con escepticismo habitual cómo una empresa de medios y otra de telefonía intentan fusionarse sin que nadie termine ahogado en deudas o en contratos interminables. Los suscriptores de video y móvil sumados ofrecen una base amplia, pero la verdadera pregunta es cuántos de ellos seguirán pagando cuando lleguen las facturas empaquetadas. El humor involuntario surge al imaginar que en dos mil veintisiete todo saldrá según el plan, sin que los reguladores ni la competencia pongan palos en las ruedas.
Al final, la jugada parece diseñada para que Televisa se convierta en un jugador más grande sin romper demasiado el equilibrio financiero actual. El préstamo a cinco años y la aportación equilibrada con Fintech Holdings dan la sensación de un negocio medido, aunque siempre queda el riesgo de que los ocho mil millones de ingresos anuales se queden en el papel. El público adulto ya sabe que en estos matrimonios corporativos el que paga la boda no siempre es el que disfruta la luna de miel.




