El repunte de las tecnológicas se frenó en seco cuando Alphabet cayó un diez por ciento tras unos resultados que decepcionaron a los inversores, a pesar de haber gastado cientos de miles de millones en inteligencia artificial. Los futuros del Nasdaq bajaron un uno por ciento y los del S&P quinientos descendieron dos décimas, señal de que el entusiasmo de tres días empezaba a evaporarse como un chiste mal contado en una reunión familiar.
Samsung perdió un cuatro por ciento porque no anunció ningún plan nuevo para devolver dinero a los accionistas y sus beneficios no alcanzaron las expectativas. Los analistas ya sospechaban que el sector de la inteligencia artificial tenía grietas, pero estos números confirmaron que invertir fortunas no garantiza que el dinero regrese a tiempo para pagar las facturas.
Microsoft subió casi tres por ciento gracias a las ventas de su servicio en la nube, mientras Oracle saltó un once por ciento con previsiones optimistas de flujo de caja. No todo fue desastre, pero los inversores siguen exigiendo pruebas de que tanto gasto en inteligencia artificial se convierta pronto en beneficios reales y no en promesas de futuro lejano.
El petróleo Brent bajó un uno coma dos por ciento hasta ciento trece dólares con noventa centavos el barril, afectado por intentos diplomáticos en Oriente Medio para evitar nuevos conflictos. Al mismo tiempo, los bonos del Tesoro ganaron terreno y el dólar se debilitó, como si el mercado buscara refugio en algo más seguro que las acciones tecnológicas.
La Reserva Federal mantuvo las tasas sin cambios y ahora la atención pasa al Banco Central Europeo y al Banco de Japón, que se espera hagan lo mismo. Los inversores, ya con las expectativas por las nubes, parecen dispuestos a castigar cualquier resultado que no supere las previsiones más optimistas, aunque eso signifique ver cómo se derrumban valoraciones que parecían intocables.




