Steinmeier llega a Pekín para negociar con Xi y probar autos chinos

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El presidente alemán apareció en Pekín con cara de quien va a pedirle un aumento al jefe y se encontró con Xi Jinping y Li Qiang para hablar de los números rojos que Alemania tiene con China. El viaje, el primero de su tipo desde 2018, terminó pareciendo más una gira de inspección industrial que una cumbre diplomática.

En Hefei, Steinmeier se subió a un Volkswagen con piezas electrónicas chinas y un sistema de conducción automática hecho con Horizon Robotics. El auto avanzaba solo mientras el presidente intentaba no parecer el pasajero de un videojuego chino. Volkswagen, por su parte, firmó acuerdos como quien cambia de proveedor de carne para no quedarse sin hamburguesas.

Después se fue a las montañas Huangshan, donde las rocas parecen sacadas de una película de kung-fu y los pinos crecen en ángulos imposibles. Entre selfie y selfie, el mandatario alemán revisó cómo reducir la dependencia económica de China sin que parezca que está rompiendo con la ex.

Mientras tanto, el canciller Friedrich Merz estaba en Japón hablando de fabricar aviones de combate juntos y de inteligencia artificial “centrada en el ser humano”. La primera ministra Sanae Takaichi sonrió como quien acaba de conseguir socio para el negocio de las armas. Merz luego volaría a Corea del Sur, completando una gira asiática que parece más una cacería de aliados que un viaje de placer.

China, desde Pekín, pidió que Alemania y Europa se comporten como “socios fiables”. Berlín, por su lado, sigue contando los 42.800 millones de euros de déficit comercial y preguntándose si vale la pena seguir comprando todo lo que China fabrica más barato. Al final, ambos lados siguen hablando de diálogo mientras se miran de reojo como dos vecinos que se prestan la aspiradora pero no se fían del todo.

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