Jorge Alegría, jefe de la Bolsa Mexicana de Valores, asegura que las colocaciones simplificadas de deuda ya despertaron el apetito de varias empresas. La primera en probar suerte fue Adventus Capital, que colocó quinientos sesenta millones de pesos sin tanto papeleo. Desde entonces las casas de bolsa no dejan de llamar preguntando cómo repetir la jugada.
El directivo menciona que existe al menos un proceso confidencial de una compañía que quiere listar acciones bajo el mismo esquema simplificado. Aunque el monto sería pequeño, ya hay dos o tres firmas más que se han acercado con la misma idea. Las emisiones de capital siguen siendo el hueso más duro de roer, pero la deuda parece haber abierto la puerta.
Para que los inversionistas institucionales no desdeñen montos tan modestos, Alegría y la Asociación Mexicana de Intermediarios Bursátiles trabajan en “mini Cerpis” y “mini CKDs”. Estos vehículos permitirían agrupar varias emisiones pequeñas y hacerlas más atractivas para fondos y Afores que suelen preferir cifras más gordas.
Los bancos ya notaron que el nuevo camino es más rápido que otorgar deuda privada tradicional. En solo dos semanas recibieron tantas consultas que el teléfono parece arder. Mientras tanto, el mercado de deuda en general sigue movido: doscientos sesenta y siete mil millones de pesos colocados en nueve meses, ochenta por ciento más que el año pasado.
Pemex y la Comisión Federal de Electricidad acaban de salir con colocaciones millonarias que refrescan el ambiente. Alegría confía en que el estímulo fiscal de la Ley de Ingresos de 2027 termine de convencer a más dueños de empresas para vender acciones con una tasa del diez por ciento. Cuatro prospectos de oferta pública inicial ya esperan su momento, listos para saltar cuando la ventana se abra.




