El senador brasileño Flávio Bolsonaro descendió del Gulfstream G400 en el aeropuerto de Opa Locka, Miami, con cara de quien acaba de ganar la lotería pero sabe que la suegra lo espera en la puerta. Junto a su esposa y tres escoltas, el vástago de la familia presidencial evitó sobrevolar territorio brasileño como si el suelo patrio fuera lava ardiente o una reunión familiar con el juez Alexandre de Moraes.
El avión, matrícula argentina LV-JQW y propiedad de Baires Fly, despegó de Puerto Iguazú tras una escala técnica en Guayaquil para cargar combustible. La maniobra evitó Brasil de forma tan evidente que hasta los controladores aéreos debieron pensar que el senador jugaba al gato y al ratón con el Supremo Tribunal Federal. La aeronave había llegado el lunes desde Buenos Aires y permaneció varada hasta la madrugada del miércoles, tiempo suficiente para que Migraciones argentina confirmara el ingreso de cuatro Bolsonaro por el puente Tancredo Neves sin ningún impedimento legal.
Mientras tanto, Flávio había denunciado en redes que agentes federales le exigieron los pasaportes en plena calle, frente a la casa de su padre en Brasilia. La orden judicial, supuestamente firmada el domingo tras la derrota electoral, lo vincula a investigaciones por lavado de dinero y apuestas. El senador, visiblemente molesto, preguntó en video si entregar documentos era castigo suficiente por no haber dicho “me voy del país”. Su hermano Eduardo, ya instalado en Estados Unidos, debió aplaudir desde la distancia como quien ve ganar el clásico sin pagar entrada.
La familia ingresó a Argentina el lunes a las 22:50 con documentación en regla. Horas después del despegue, la agencia migratoria lo confirmó en X con la frialdad de un empleado de banco que acaba de rechazar un préstamo. Nadie aclaró aún a cuál de las causas corresponde la prohibición de salida: si a la película biográfica de su padre o al abogado amigo metido en apuestas. Lo que sí quedó claro es que el jet privado resultó más rápido que cualquier orden judicial y que, por ahora, Miami recibe a Bolsonaro junior con la misma hospitalidad que un hotel de cinco estrellas recibe a un cliente que paga en efectivo.




