El presidente paraguayo anda como quien persigue al cobrador de la luz para que Brasil afloje la billetera por la energía de Itaipú. Quiere cerrar el chiste antes de que suene el champagne de fin de año y Lula se haga el distraído otra vez.
La represa, esa mole que ilumina el noventa por ciento de Paraguay y solo un cachito de Brasil, se ha convertido en el tema que nadie quiere discutir en la mesa familiar del Mercosur. Peña dice que el camino está allanado, pero todos sabemos que allanado no significa que Brasil vaya a pagar como corresponde y no como si estuviera comprando yerba de oferta.
El famoso Anexo C sigue siendo el hueso que se atraganta. Paraguay lleva años queriendo vender su excedente a precio de mercado y no a precio de amigo que te presta la camioneta. Lula, recién reelecto, parece más interesado en puentes que en discutir cuánto vale realmente la electricidad que sale de la represa.
Mientras tanto, una empresa de inteligencia artificial ya planea instalarse cerca de Itaipú para montar un centro de datos. O sea, Paraguay podría terminar usando su propia energía para alimentar máquinas que piensan más rápido que los políticos, en lugar de seguir vendiéndosela barata al vecino. El chiste se escribe solo.




