El hijo de Bolsonaro escapa a Estados Unidos como alma que lleva el diablo

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Geraldo Alckmin se quedó boquiabierto al enterarse de que Flávio Bolsonaro salió corriendo del país tras perder las elecciones como si le hubieran prendido fuego a los calzoncillos. Nunca había visto algo tan ridículo, declaró el vicepresidente, porque los que pierden suelen dar las gracias, saludar al ganador y seguir con su vida como si nada, en lugar de comportarse como un niño que huye de la regañina de la abuela.

Lula da Silva, mientras cortaba el pastel de sus 81 años, soltó que la huida era una vergüenza nacional y se preguntó qué clase de conciencia tiene alguien que pierde en las urnas y se escabulle como rata por alcantarilla. El presidente recordó que él mismo se quedó en Brasil tras sus derrotas y hasta entregó el pasaporte cuando se lo pidieron, a diferencia de esta familia que parece tener a Estados Unidos como primera patria y a Brasil como mero hotel de paso.

El Partido Liberal sigue sin saber dónde anda Flávio, aunque recibió un mensaje de texto en el que prometía hablar más tarde, como si estuviera posponiendo una cita con el dentista. Mientras tanto, diputados del PT piden que lo metan preso y lo pongan en la lista roja de Interpol, porque según ellos el exsenador podría haber hecho algo más grave que perder una elección.

Al final, todo apunta a que el derrotado busca refugio en territorio gringo, tal vez para demostrar su inocencia desde la distancia o simplemente para evitar que lo sigan llamando cobarde. La democracia, al parecer, sigue su curso mientras algunos prefieren mirar el partido desde la grada del otro lado del continente.

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