El ministro John Healey presentó el primer presupuesto del gobierno de Andy Burnham prometiendo ayuda para capear tormentas económicas mundiales. Veinte millones de hogares en viviendas modestas recibirán cien libras para pagar la luz, con un coste total de dos mil seiscientos millones de libras. Al mismo tiempo anunció subidas de impuestos a bancos, apuestas y rentas de ahorradores y arrendadores para financiar el paquete.
Healey explicó que la economía británica sufre el golpe del conflicto en el golfo Pérsico, las tensiones comerciales globales y la guerra en Ucrania. Por eso decidió congelar el impuesto sobre los combustibles y mantener la rebaja de cinco peniques hasta al menos julio. También eliminó las cuotas fijas de las facturas de gas para que la mayoría de hogares paguen menos.
El plan incluye mayor control fiscal para los alcaldes regionales y recortes arancelarios en productos importados como pepinillos en vinagre y mermelada. Además destinará más de veinte mil millones de libras a instituciones financieras estatales para invertir en inteligencia artificial, defensa y energía verde hasta 2030. Healey prometió reducir trámites burocráticos para ahorrar ochocientos millones de libras anuales a las empresas.
Las previsiones de crecimiento cambiaron: la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria elevó el pronóstico de 2026 a un 1,2 por ciento, pero bajó el de 2027 a un 1,0 por ciento. El colchón fiscal del gobierno se redujo de veinticuatro mil a quince mil millones de libras por el encarecimiento de la deuda desde el inicio de la guerra de Irán. Aun así Healey aseguró que el país cumplirá sus objetivos fiscales en tres años.
Burnham llegó a Downing Street prometiendo los mayores cambios en cuarenta años y un mayor papel del Estado. Healey, exdirigente sindical, debe equilibrar esa ambición con la presión de los mercados de bonos. El resultado es un presupuesto que reparte migajas energéticas mientras aprieta el torniquete fiscal a quien más tiene.
El remate final parece sacado de un chiste viejo: el Estado británico da cien libras con una mano y cobra el doble con la otra, todo para que la economía no se hunda del todo antes de 2030.




