El senador brasileño Flavio Bolsonaro y su familia subieron a un Gulfstream G400 en Puerto Iguazú como quien huye de una reunión familiar incómoda. Ocho personas a bordo, sin pasaporte entregado, sin explicaciones y con destino a Miami después de una parada rápida en Guayaquil para cargar combustible y algo de dignidad.
El avión argentino LV-JQW llegó el lunes desde Buenos Aires y se quedó esperando como un taxi en la puerta mientras el senador grababa videos desde la calle. Según él, la Policía Federal le ordenó entregar los documentos justo cuando salía de la casa de su padre, como si le hubieran cobrado una multa por exceso de velocidad judicial.
La ruta elegida evitó todo territorio brasileño, tal como quien cambia de acera para no cruzarse con el juez Alexandre de Moraes. La escala en Ecuador fue solo para repostar, no para pedir asilo ni nada por el estilo, aunque el olor a problema legal viajaba en el mismo avión.
Mientras tanto, la Dirección Nacional de Migraciones argentina confirmó que los Bolsonaro entraron por el puente de Puerto Iguazú sin ningún impedimento, como si fueran turistas que solo venían a comprar yerba y se quedaron a ver el paisaje judicial. El vuelo partió de madrugada, dejando atrás la controversia y cualquier posibilidad de que el senador tuviera que responder en persona.
Entre las investigaciones que lo siguen como sombra hay una por lavado de dinero y otra por la película sobre su padre, titulada Dark Horse, que parece más oscura que el propio vuelo nocturno. El Gulfstream, propiedad de Baires Fly, cumplió su misión sin incidentes: llevar pasajeros, cargar nafta y dejar que el resto lo resuelvan los tribunales y la imaginación del público.




