Los presidentes de Finlandia y Noruega le mandaron un recado clarito a Vladimir Putin: que deje de manosear el sector energético ucraniano como si fuera un enchufe defectuoso. Zelenski lo soltó en Telegram como quien cuenta que los vecinos se quejaron del ruido de la fiesta.
Alexander Stubb y Jonas Gahr Store le explicaron al ruso que hace falta bajar el voltaje de los ataques o la cosa se pondrá más fría que un vodka sin hielo. El mensaje sonaba a súplica de adulto responsable, pero Putin probablemente lo escuchó mientras seguía planeando apagar todo el tablero.
Al final parece una escena de vecindario donde dos escandinavos le piden al gruñón de al lado que no toque el contador ajeno. Mientras tanto las bombillas ucranianas siguen parpadeando como si estuvieran en mitad de un apagón provocado por un suegro vengativo.




